Valor legendario y coraje sin precedentes podrían ser dos características del soldado Doss. Este objetor de conciencia del Ejército de los Estados Unidos, que se negó a portar armar y matar personas, sirvió como paramédico en la Segunda Guerra Mundial y salvó a cientos de vidas (arriesgando la suya).

Desmond Doss Un héroe inesperado
La historia

El 1° de abril de 1942, Desmond Doss, un joven adventista, se unió al Ejército de los Estados Unidos. Poco sabía él que tres años y medio después estaría parado sobre el césped de la Casa Blanca, recibiendo la máxima distinción de la Nación por notable desempeño bajo fuego enemigo.

De los 16 millones de soldados que participaron en la Segunda Guerra Mundial, solo 431 recibieron la Medalla de Honor del Congreso. Una de estas fue colocada alrededor del cuello de un joven adventista, quien no había quitado la vida a ningún soldado enemigo durante el combate. De hecho, rehusó portar armas. Sus únicas armas fueron su Biblia y su fe en Dios.

El presidente Harry S. Truman estrechó cálidamente la mano del cabo Desmond Thomas Doss y la sostuvo durante todo el tiempo en que la mención fue leída en voz alta a los que estaban reunidos fuera de la Casa Blanca ese 12 de octubre de 1945. “Estoy orgulloso de ti –dijo Truman–. Realmente la mereces. Considero esto un honor mayor que ser presidente”.

Patriotismo y compromiso con Dios

El viaje que había traído al joven Desmond hasta este día había sido desafiante. Cuando Pearl Harbor fue atacado, él estaba trabajando en el astillero naval de Newport News y podría haber solicitado un aplazamiento, pero quería hacer más por su país. Estaba dispuesto a arriesgar su vida en el frente de batalla para preservar la libertad de su nación.

Cuando se unió al Ejército, Desmond se amparó en el recurso del “Objetor de conciencia”, que permite a un soldado no realizar actos que violen los principios en los que cree. Los objetores de conciencia no quieren desertar. Quieren servir al Ejército, pero desde otro lugar. Generalmente, se niegan a portar armas y a matar.

Por eso, Desmond quería ser un médico de combate del Ejército. Sin embargo, por alguna razón fue asignado a una compañía de fusileros de la Infantería. Su rechazo a portar armas creó muchos problemas entre sus compañeros soldados. Lo miraban con desprecio y lo trataron de inadaptado. Un hombre, en las barracas, le advirtió: “Doss, apenas entremos en combate, me aseguraré de que no vuelvas vivo”.

Sus comandantes también querían deshacerse de ese flacucho oriundo del Estado de Virginia que hablaba con un suave acento sureño. Lo veían como una carga. Nadie creía que un soldado desarmado valiese la pena. Intentaron intimidarlo, increparlo, asignarle duras tareas extra y declararlo incapacitado mental para el Ejército. Luego, intentaron presentarlo ante un tribunal militar por rehusarse a obedecer una orden directa: portar un arma.
¿Cuál fue el resultado? Fracasaron, porque no encontraron una forma de echarlo y él se negó a irse. Desmond creía que su deber era obedecer a Dios y servir a su nación. Pero, tenía que ser en ese orden. Sus convicciones inquebrantables eran más importantes.

Un hombre de principios

Desmond había sido criado con una creencia ferviente en la Biblia. En cuanto a los Diez Mandamientos, él los aplicaba personalmente. Durante su niñez, su padre había comprado un cuadro grande en una subasta que mostraba los Diez Mandamientos con ilustraciones coloridas. Al lado de las palabras “No matarás”, había una imagen de Caín con un palo en la mano y erguido sobre el cuerpo inerte de su hermano Abel. El pequeño Desmond miraba esa imagen y se preguntaba: “¿Por qué Caín mató a Abel? ¿Cómo fue posible que un hermano hiciese algo así?” En la mente de Desmond, Dios había dicho: “Si me amas, no matarás”. Con esa imagen fuertemente arraigada en su mente, él tomó la decisión de que nunca le quitaría la vida a alguien.

Sin embargo, había otro Mandamiento que Desmond tomaba tan en serio como el sexto: el cuarto. Su crianza religiosa incluía la asistencia semanal a la iglesia en el séptimo día. El Ejército estaba exasperado al descubrir que Desmond tenía otro requisito personal: pidió un pase semanal para poder asistir a la iglesia cada sábado. Esto significaba que ahora tenía dos puntos en su contra. Sus compañeros veían a este lector de la Biblia puritano como a alguien totalmente fuera de sintonía con el resto del Ejército, así que lo marginaban, se burlaban de él, le ponían sobrenombres horribles y lo insultaban. Sus comandantes también le hacían la vida muy difícil.

Las cosas comenzaron a cambiar cuando los hombres descubrieron que este humilde y tranquilo médico tenía una forma especial de curar las ampollas de sus cansados pies, y si alguien se desmayaba debido a un golpe de calor él estaba a su lado ofreciendo su propia cantimplora. Desmond nunca guardó rencor. Trataba a los que lo habían maltratado con amabilidad y gentil cortesía. Vivía la Regla de Oro: “Traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes” (Mat. 7:12, NVI).

La Biblia de Desmond Doss
Okinawa y sus últimos días

Desmond sirvió en combate en las islas de Guam, Leyte y Okinawa. En cada operación militar, exhibía una extraordinaria dedicación a sus compañeros. Mientras que otros estaban quitando vidas, él se mantenía ocupado salvándolas. Cuando el grito “¡Médico!” resonaba en el campo de batalla, nunca se preocupaba por su propia seguridad. Corría repetidas veces hacia el calor de la lucha para tratar a sus camaradas caídos y llevarlos nuevamente a un sitio seguro. Todo esto sucedía mientras las balas enemigas silbaban sobre él y las granadas de mortero explotaban a su alrededor. En varias ocasiones, mientras trataba a algún soldado herido, Desmond estuvo tan cerca de la línea enemiga que logró escuchar el susurro de voces japonesas.

En mayo de 1945, mientras las tropas alemanas se rendían al otro lado del mundo, las tropas japonesas defendían fieramente, hasta lo último, la única barrera que quedaba (Okinawa y el acantilado de Maeda) frente a una invasión de los aliados. Los hombres en la división de Desmond habían intentado repetidamente capturar el acantilado de Maeda, una pared rocosa imponente que los soldados llamaban Hacksaw Ridge [cerro “Sierra de arco”]. Luego de que la compañía hubo asegurado la cima del cerro, los estadounidenses quedaron atónitos al ser atacados de repente por fuerzas enemigas que corrieron hacia ellos en un despiadado contraataque. Los oficiales ordenaron la retirada inmediata. Los soldados se apresuraron a descender nuevamente el escarpado acantilado. Todos, excepto uno.

Desmond Doss: Un héroe inesperado

Menos de un tercio de los hombres logró llegar a la base. Los demás yacían heridos, desparramados en suelo enemigo, abandonados y dados por muertos (si es que no lo estaban ya). Un solo soldado desobedeció las órdenes y arremetió contra el fuego cruzado para rescatar a tantos hombres de los suyos como le fuese posible, antes de colapsar o morir en el intento. Su determinación de hierro y su infatigable coraje resultaron en por lo menos 75 vidas salvadas aquel 5 de mayo de 1945, un sábado, su día de reposo.

Finalmente, los estadounidenses tomaron Hacksaw Ridge. Okinawa fue capturada centímetro a centímetro, en una batalla encarnizada. Varios días más tarde, durante un ataque nocturno sin éxito, Desmond fue gravemente herido. Mientras estaba escondido en un cráter de proyectiles con dos tiradores, una granada japonesa fue lanzada a sus pies. La explosión lo hizo volar. Las esquirlas desgarraron su pierna hasta la cadera. Trató sus propia heridas lo mejor que pudo. Mientras intentaba llegar a un lugar seguro, fue herido por una bala de francotirador que le destrozó el brazo. Su valiente accionar como médico de combate había llegado a su fin, pero antes insistió a los que lo cargaban en su camilla para que llevaran a otro hombre antes de rescatarlo a él. Herido, con dolor y pérdidas de sangre, seguía poniendo a otros por sobre sí mismo. Prefería morir para que otro pudiese vivir. Después de todo, eso es lo que había leído en su Biblia; tal fue el carácter que demostró Jesucristo.

Antes de ser dado de alta del Ejército en 1946, Desmond contrajo tuberculosis. Pasó la mayor parte de los siguientes seis años en hospitales. Las frías y húmedas noches en que no pudo dormir y en las que tembló dentro de las enlodadas trincheras en las islas del Pacífico habían cobrado su saldo.

Al progresar la enfermedad, fue necesario remover el pulmón izquierdo junto con cinco costillas. Sobrevivió el resto de su vida con un solo pulmón hasta que este también falló. El 23 de marzo de 2006, a los 87 años, el cabo Desmond Thomas Doss murió, luego de haber sido hospitalizado por una dificultad respiratoria. Fue enterrado en el Cementerio Nacional de Chattanooga, Tennessee.

Galardones de todo tipo

Además de la Medalla de Honor, Desmond Doss recibió la Estrella de Bronce por su valentía, con hojas de roble (significa que recibió dos Estrellas de Bronce); un Corazón Púrpura con dos hojas de roble (significa que recibió tres Corazones Púrpura); la Medalla de la Campaña del Pacífico con tres Estrellas de Bronce y una Punta de Flecha de Cabeza de Playa (significa que sirvió en cuatro campañas de combate incluido un desembarco anfibio en condiciones de combate); la Medalla de Buena Conducta; la Medalla de Servicio a la Defensa Estadounidense; y la no tan común Mención Presidencial de Unidades otorgada al Primer Batallón, Infantería 307, División 77a de Infantería, por proteger el acantilado de Maeda.

La Medalla de Honor fue creada durante la Guerra Civil bajo la presidencia de Abraham Lincoln, en 1862. En el centenario de 1962, los otros condecorados seleccionaron a Desmond Doss para que los representara en la ceremonia de la Casa Blanca. Él tuvo una amena conversación con el presidente John F. Kennedy.

Extraído y adaptado de la biografía oficial de Desmond Doss, tomada de http://www.desmonddoss.com

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